lunes, 6 de julio de 2015




CON EL CIELO EN LA MIRA

Un día, estancada por la rutina que agobiaba mis ojos, salí a caminar sin rumbo. En medio de mi desolación, miré al cielo y encontré el leitmotiv para mi existencia. No se trataba de nada  extraordinario o fuera de lo común, pero a su vez, se trataba de algo sobrenatural: se trataba del cielo. El cielo en toda su extensión, despejado o con nubes, en día de lluvia o de sol, de noche o de día, es el grito de la grandeza de Dios. El cielo es la casa que me espera, es la dulce canción que se pronuncia cada mañana, recordándome para qué vivo. El cielo es mi lugar de descanso, es el lugar donde puedo volar. El cielo es la mejor obra de arte jamás contada, porque: ¿quién podría crear nubes simétricas y asimétricas? ¿Quién podría enviar la lluvia, el granizo o irradiar luz y calor? ¿Quién podría mostrarnos un plano usando las estrellas de guía? ¿Quién podría pintar el cielo de distintos colores? ¿Quién podría ocultar el sol y dar paso a la luna? Sólo Dios sobre el cielo. Es la obra de arte más hermosa y cambiante que jamás será exhibida en un museo. Es un manto que nos cubre y nos protege, es la pieza más hermosa dedicada a la humanidad, es un techo ilimitado para cualquier soñador, es la esperanza de un nuevo día, es la melodía que acompaña a los enamorados mirando el atardecer, es la noche que mece al que está cansado y a punto de ir a dormir.
Por eso decido mirar hacia arriba. Mis ojos están puestos en el tesoro más grande de mi corazón, el cielo. No importa lo que pase en la tierra, yo sé que tengo un lugar más allá de lo que puedo ver, no me limita una frontera, ni siquiera el horizonte; yo sé que tengo un hogar que pasa por encima de mi cabeza cada día: el cielo.

Mi día a día se resume en estar con el cielo en la mira.
Nadia López
6 de Julio, 2015


martes, 7 de octubre de 2014

Con el Cielo en la Mira - Presentación

Hace casi 23 años que ha comenzado mi peregrinaje por esta tierra y sin embargo no me he cansado de luchar por mis convicciones. Entre ellas, se encuentra una creciente fe por las cosas celestiales que me hacen parecer cada día más loca.

En un mundo donde se promueve cada vez más la libertad de expresión y, conjuntamente, la libertad de acción, me encuentro con la necesidad de alzar la voz para recordar lo más importante: el amor. El amor es el límite de esa libertad promulgada, que hoy en día deviene en libertinaje. El amor es la base de la tolerancia que hemos perdido por querer "defender" nuestras convicciones, llegando incluso a ofender a aquel que vive o piensa diferente a nosotros. No significa estar de acuerdo en todo y con todos, significa dar gracia y misericordia aún al que está errado, siendo conscientes de que nosotros tampoco somos perfectos.
El amor es el leitmotiv que me lleva a escribir. Y, por supuesto, el amor es el centro de mi vida. El amor es salvación. Dios, es amor.

Seguramente haya muchos que consideren un tanto subjetiva mi postura, pero es en ella en la cual basaré cada una de mis reflexiones. Asimismo, invito a cada lector a debatir, a cuestionar y reflexionar conmigo, desde el respeto y el amor anteriormente mencionado.

También haré uso de mi formación académica, psicoanalítica, para problematizar hechos cotidianos y temas de debate actual.

Este es el marco en el que estarán circunscritas mis publicaciones, un "psicoanálisis bíblico". Al titularlo así, soy consciente del desafío que me he propuesto y del consecuente riesgo a ser criticada o cuestionada, pero es parte de la aventura que he soñado desde hace un tiempo a esta parte.

Estimado lector, te invito a que pongas tu mirada en lo Alto y que puedas ver las cosas desde esta perspectiva, la perspectiva de Dios. Hay muchos cambios en nuestro tiempo que nos llevan a reflexionar y considero que la mejor opción es estar... Con el Cielo en la mira.

Atte,

Nai Eline